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martes, 17 de julio de 2012

Facebook y Twitter incrementan la ansiedad y la depresión


¿Será que vivimos en la era de la información y de la conectividad? Estamos en el tiempo del "cambio" y "actualizaciones instantáneas" que nos demandan estar informados minutos a minuto de lo que pasa a nuestro alrededor, llámense Facebook, Twitter, MySpace, Tuenti, Google+, Youtube..? Es esto realmente beneficioso, adictivo o una mezcla? 

El internet y las redes sociales se han convertido en parte de nuestra vida diaria e influyen en nuestras interacciones y actividades: qué estudiamos, dónde comemos, con quién estamos... Sin embargo, puede ser que el uso y/o exceso de éstas no sea tan productivo para todos. Según algunos estudios de la Salford Business School, de la Universidad de Salford, Manchester, se dice que el uso de éstas, específicamente Facebook y Twitter, generan un incremento significativo en los niveles de ansiedad. 

Y por qué pasa esto? Algunos encuestados argumentaron sentir menos confianza en sí mismos al comparar sus logros con los logros de sus amigos en las redes sociales. Además, 2 de cada 3 personas dijeron tener problemas para dormir después de estar navegando en las redes sociales, y por supuesto que el que la mayoría de nosotros ha experimentado: dificultades en las relaciones como consecuencia de un conflicto en las redes sociales. Esto nos hablada de que efectivamente, el comportamiento del internauta ha cambiado.

Qué pasa con los más pequeños?
Según un informe de la Academia Americana de Pediatría (AAP) sobre el impacto de las redes sociales, publicado recientemente en la revista Pedratrics, debe valorarse el uso de las redes sociales como indicador de la salud en niños y adolescentes, principalmente de depresión infantil.

Encuestas recientes revelan que la mitad de los adolescentes acceden a su red social favorita más de una vez al día, y hasta el 22% de los adolescentes llegan a abrir la página más de una decena de veces. Por lo tanto, concluyen los autores, "una gran parte del desarrollo emocional y social de esta generación se está produciendo en Internet y estas plataformas".
El "Elemento Depresivo", La AAP llega incluso a hablar de "depresión Facebook", y asegura que los niños afectados estarían en riesgo de aislamiento social o poca autoestima, lo que se sumaría a una gran cantidad de tiempo pasado en la red social, algo que se convertiría en un elemento depresivo. 
Las páginas de Facebook pueden hacer que los chicos se sientan peor si éstos creen que no están a la altura de sus amigos debido al número de visitas, mensajes actualizados y fotos de personas felices que, en apariencia, lo están pasando bien. Y no sólo eso: podría ser más doloroso que los encuentros en la vida real que hacen sentir mal a los adolescentes, ya que se dice "Facebook provee una visión distorsionada de la realidad, y una atmósfera de competitividad social". 

Otro estudio recientemente publicado por Larry Rosen, profesor de Psicología en la Universidad Estatal de California revela que los jóvenes que son adictos a Facebook pueden desarrollar diferentes trastornos psicológicos. 

En una presentación titulada "Poke me: How Social Networks Can Both Help and Harm Our Kids", Rosen presentó sus conclusiones basadas en una serie de encuestas  y observaciones realizadas a adolescentes. Algunos de los efectos colaterales negativos del uso del Facebook por parte de los adolescentes incluyen: 
-Desarrollo del narcisismo.
-Presencia de conductas antisociales, manía y tendencias agresivas.
-Aumento de la ausencia y falta de atención en la escuela y la probabilidad de desarrollar dolores de estómago, problemas para dormir, ansiedad y depresión.
-Bajas calificaciones en los estudiantes de educación media y estudiantes universitarios que actualizan Facebook por lo menos una vez durante un periodo de estudio de 15 minutos.
-Menores tasas de retención de lectura, sobretodo cuando tienen abierto el Facebook mientras trabajan. 
Sin embargo, no todos los resultados fueron negativos, uno de los puntos más interesantes de la investigación fue el "desarrollo de la empatía virtual. Rosen dice que los adolescentes están desarrollando la capacidad de mostrar la empatía virtual hacia sus amigos afligidos y que ésta es bien recibida por ellos e influye positivamente en su estado de ánimo. 
Aunque se trata de un fenómeno social relevante, ha sido poco estudiado, sin embargo podemos darnos cuenda de cúanto tiempo al día dedicamos a ver nuestras redes sociales y a actualizarnos, qué tanto sacamos provecho de las "herramientas de trabajo" y hasta dónde dejan de ser productivas. 

Además de tomar en cuenta algunos síntomas que ansiedad que podemos llegar a experimentar cuando no podemos accesar o pasamos algún tiempo sin usar las redes. ¿Te suena conocido? No encuentro el celular, no tengo señal, no hay wi.fi, se me acabó la batería, el twitter no se actualiza....!!

Aunque no podemos dejar de lado el uso de la tecnología, habrá que adaptarnos a ella con cuidado, sacando el mayor provecho y haciéndonos responsables de su uso, así como cuidar el uso que dan a ella los niños y los adolescentes.

lunes, 25 de junio de 2012

La depresión infantil





A pesar de que se creía que la depresión infantil no existía, hoy diversas investigaciones afirman su presencia y que ésta es el resultado de una compleja interacción de factores biológicos, genéticos, sociales y de estrés. 



Ésta enfermedad hace referencia a un estado de ánimo en el cual el niño tiene sentimientos de tristeza, desesperación y desaliento, lo cual afecta su relación con el entorno social, y que se ha demostrado tiene un alto grado de mortalidad debido a las conductas suicidas que muchas veces se presentan.


B, J. McConville postula tres tipos de depresión infantil:
-Depresión Afectiva: se caracteriza por expresiones de tristeza, indefensión y desesperanza. Esta es más frecuente entre los seis y los ocho años.
-Depresión de Autoestima Negativa: estos sentimientos son consecuencia de ideas fijas acerca de una autoimagen negativa. Es el resultado de experiencias directas y repetibles de pérdida; aparece a partir de los ocho años.
-Depresión con sentimiento de culpa: los niños que la presentan se ven a sí mismos de una forma más negativa que las anteriores, incluso llegan a pensar que estarían mejor muertos.

Por lo tanto, de acuerdo a la edad del niño, los síntomas que se presentan varian, además influyen aspectos de género, sociales y familiares. Los diversos síntomas pueden agruparse en cuatro grandes grupos: anímicos, motivacionales, cognitivos y físicos; entre éstas conductas podemos identificar: 

  • Contínua tristeza, llora con facilidad, pérdida del interés por la escuela, aislamiento social y familiar, falta de comunicación, fatiga, aburrimiento constante, falta de concentración, frustración, sensibilidad hacia el rechazo y al fracaso, autoestima disminuida y autodesprecio.
  • Conducta agresiva, constantes dolores de cabeza y de estómago, cambios en el niño (dormir más o menos, terrores nocturnos, pesadillas).
  • Come desiado o muy poco, conductas regresivas (habla como bebé o se orina en la cama), hiperactividad, ganas de escapar y en algunos casos severos ideas suicidas.

Al final, todos los niños han estado tristes en algún momento de su vida, pero es importantísimo que si notas algunos de los síntomas mencionados, pongas extrema atención y tomes cartas en el asunto realizando una o varias evaluaciones profesionales para asegurar un diagnóstico confiable.

Los diversos instrumentos de evaluación toman en cuenta: el desarrollo de niño, madurez intelectual, estado emocional, además miden aspectos biológicos mediante análisis específicos y pruebas como el electroecefalograma EEG. 


El tratamiento para la depresión infantil debe ser individualizado y adaptado a cada caso en particular y a la fase del desarrollo en la que se encuentra el niño, en base a su funcionamiento cognitivo, su maduración social y si capacidad de mantener la atención. 

Además involucra activamente a los padres y busca realizar intervenciones hacia el entorno del niño (familiar, social y escolar).
El tratamiento combinado, que incluye fármacos y terapias psicológicas, ha demostrado ser lo más eficaz en la actualidad.

Recomendaciones prácticas sobre cómo ayudar a tu hijo:

  • Da más atención de lo normal, crea un ambiente cercano y de confianza, muéstrate interesado en sus pensamientos, sentimientos y actividades.
  • Establece y mantén rutinas, él necesita saber que tiene límites y órden.
  • Reevalúa las actividades diarias del niño, puede ser que se sienta cansado y estresado.
  • Tranquilízalo, nada mejor que mimarlos y a la vez averiguar sobre su sentir.